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Patrimonio cultural del agua

 
El agua del río Túria ha sido fundamental para el desarrollo de Riba-roja, ligada a él desde sus orígenes, a lo largo de la historia se desarrolló con ingenio y creatividad diversas estructuras para obtenerla y abastecer a la población.

Acueductos

Es muy conocida la red de acueductos y canales que, desde época romana, recorrieron la margen derecha del río Túria irrigando y abasteciendo las tierras circundantes.

Estos sistemas hidráulicos tomaban el agua en el paraje de La Pea, entre Vilamarxant y Pedralba, y la conducían posiblemente hasta Valencia atravesando los términos de Vilamarxant, Riba-roja de Túria y Manises.
Esta red de abastecimiento y distribución fue ya descrita por F. Jaldero y por D. Fletcher y su rastro se puede seguir en numerosos tramos, pero se hace especialmente evidente en el punto de captación de aguas de la Pea y en el paso de los barrancos de Olmos, Munxolina, Porxinos, La Pedrera y el Barranc de la Cabraza, donde las obras de ingeniería adoptan una mayor relevancia.
Pero sin lugar a duda, los tramos más notables y monumentales de esta red son los situados en el barranco de Porxinos. Aún se conserva un arco que une los dos lados del barranco, muros y una balsa de decantación. Este tramo del acueducto está construido con un núcleo de piedras irregulares dispuestas de forma desordenada y aglutinadas con un mortero pobre de cal, mientras que, la pared exterior es de opus vitatum. Por lo que respecta a la cronología, aunque es difícil de concretar, por la tipología y técnica constructiva se puede deducir que nos encontramos ante una construcción próxima al mundo romano.

Puente Viejo
Testigo de una larga historia, su actual ubicación albergó en épocas pasa­das el punto de paso que permitía a los moradores del pueblo acceder a las tierras de cultivo, así como el paso de otras personas, mercaderías, pro­ductos de la huerta y, cómo no, animales, ya que era el punto más cercano a la capital y que permitía atravesar el río. El derecho de paso ocasionó el impuesto de pontazgo por el cual, tanto personas, rebaños y otros materiales, pagaban por la utilización del puente.

Las primeras noticias que tenemos sobre el puente de obra son de 1548. En la Carta Puebla otorgada a Riba-roja en el año 1611 ya se hace clara referencia al mismo y sus arriendos. A partir de este momento las refer­encias son frecuentes no sólo en relación a los arriendos, sino a frecuentes crecidas como la riada de 1776 que acabó casi con él al arrastrar gran can­tidad de troncos.  
 
La cisterna


El conde de Revillagigedo mandó construir la Cisterna frente al Castillo. Muy parecida a un aljibe, pero abastecida por las aguas de la acequia del Quint, la Cisterna se llenaba en invierno y no se utilizaba hasta el verano, por lo que el agua se consumía filtrada y fresca. 
Sus dimensiones y capacidad son de unos 25 metros de profundidad, 5 de alto y 5 de ancho, cubicando por lo tanto, al menos, 500.000 litros. En 1960 y con la prohibición de utilizar el agua de cualquier pozo ante el peligro de un brote de tifus, con el agua potable en todas las viviendas, los pozos caen en desuso, utilizándose exclusivamente los situados junto a las tierras de cultivo para regarlas.
 
Lavadero
El lavadero de Riba-roja de Túria conocido como el “Llavaor Vell” es el más antiguo y el único que se conserva hoy en día de los tres que tuvo el municipio. Está situado en la zona más antigua de la población, en la parte posterior del Castillo junto al Barranco de los Moros, donde toma el agua de la acequia del Quint.
Con el paso de los años y la aparición de nuevos avances técnicos como la conducción pública del agua a las viviendas, la lavadora eléctrica y la mejora del saneamiento con la construcción del alcantarillado a partir de 1960, los lavaderos comenzaron a caer en desuso lo que propugnó su abandono y deterioro.
“El Llavaor Vell” fue rehabilitado en el año 2010, conservando su estructura y elementos originales, pudiéndose visitar actualmente, ya que ha pasado a incorporarse como un elemento turístico más dentro de las rutas que se realizan por el Casco Antiguo.    



Molinos

Riba-roja de Túria ha tenido cuatro molinos harineros y uno arrocero: el molino de Mandor, el del Peñot, "el Molinet" y el molino de Riba-roja propiamente dicho. Una de las primeras referencias al molino en Riba-roja de Túria se encuentra en la Carta Puebla de 1611, cuando se dice que los vasallos de marqués de Guadalest, a la sazón señor de la población, "... están obligados a ir a moler al molino y molinos harineros del señor y hacer el arroz en el molino arrocero de la villa y baronía..."
El molino ubicado en el casco antiguo de la localidad sufrió muchas reformas a lo largo de los siglos pero quizá la más considerable fuera la realizada por el Conde de Revillagigedo en 1773. Hasta 1897 el molino fue arrendado por el Conde y luego éste paso a manos privadas, siendo su primer dueño Bautista Martí. El hijo de este, Ramón Martí, instalará el Sistema Buhler y en 1948 Manuel Alamar Mocholí, construyó, a la derecha del molino, la vivienda del molinero. En 1998 cuando, el Ayuntamiento adquiere la propiedad habilitando la Casa del Molinero para la visita.

 
Pozos
Excavados en plena huerta, son casi totalmente desconocidos por las actuales generaciones, aunque fueron de gran utilidad y tuvieron su época de máximo esplendor entre los años 1920 y 1960. 
Se conoce la existencia de más de una veintena de pozos repartidos por toda la huerta. Todos suelen tener una estructura similar: la mayoría son de planta cuadrada de entre 1 y 1’50 metros de lado aproximadamente, siendo su media de profundidad de unos 13 metros y la mayoría tienen edificado un techado en forma de pirámide. 
 












 
 
 

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